Es muy común escuchar que la comunicación es el pilar de las relaciones sociales. Lo mismo debe suceder en el mundo de la panadería.
Si una persona se tomara el tiempo de pensar cómo llegó el pan que ve en su mesa y aún más si pensara en la persona que lo amaso y lo horneó, se podría evitar que con el tiempo los panaderos sean grandes desconocidos.
La vida agitada, monótona y repetitiva que forma parte de la cotidianidad de las personas, ha permitido que los consumidores entren a una panadería, almacén de cadena o tienda de barrio y compren panes como si se tratara de cualquier producto: el cliente lo paga sin darle relevancia a su textura, calidad, sabor o los ingredientes con los que fue hecho.
Las grandes dificultades económicas que viven los hogares en el mundo, han llevado a que el precio en los panes juegue un papel muy importante a la hora de comprar. Hoy por hoy, el costo tiene mayor relevancia que la calidad del producto.
Una buena comunicación no solo permite estrechar la relación con el cliente, sino que también le da la importancia que merece el panadero, quien, desde tempranas horas del día, ha puesto todo su amor a la elaboración de una obra maestra que ha esculpido con mucho esfuerzo y dedicación para ser horneado y empacado con la cocción en su punto.





